Los lugares turísticos más seguros de México

Visitar México es una experiencia perfecta para conocer más sobre todas las culturas de Latinoamérica y para pasear por las playas más lindas del mundo, pero, como en cualquier país, podemos tener dudas sobre cómo mantener nuestra seguridad lo más resguardada posible. Pero con un poco de atención, sabiendo dónde y cómo conseguir información, se puede planificar un viaje inolvidable.

La Ciudad de México es realmente una de las capitales más fascinantes en el mundo. Con una población de más de 21 millones, la Ciudad de México tuvo grandes medidas de seguridad por su bicentenario, y ahora algunos lugares repletos de mariachis como la Plaza Garibaldi se consideran lo suficientemente seguros como para ser una ‘versión de Disney’ de lo que alguna vez fue dramático. Además, hay muchos edificios coloniales restaurados que muestran detalles largamente oscurecidos por años de acumular contaminación. Mientras tanto, esta antigua ciudad construida sobre un lago rellenado tiene canales aztecas, pirámides, el estudio de Diego Rivera y Frida Kahlo y restaurantes elegantes.

Cuatro horas hacia el interior de Cancún, está Mérida, denominada el “México real”, una ciudad colonial de 750.000 habitantes y amado por los lugareños. Vale la pena dedicarle algunos días a las magníficas excursiones. No es sólo un complemento subestimado de las vacaciones en la playa, sino que es un destino en sí mismo. La ciudad es mucho más atractiva durante los fines de semana, cuando el núcleo histórico (un paisaje de catedrales del siglo XVII hechos de ladrillos mayas) se cierra al tránsito y se llena de escenarios al aire libre, puestos de tacos y mucha actividad.  Al noroeste, se puede recorrer los manglares flamenco lleno en el pueblo pesquero de Celestún.

‘Todos Santos’ fue un destino obligado en mi último viaje. Claro, algunos dicen que no es lo que solía ser porque su popularidad aumentó pero a un par de horas desde el Cabo o aeropuertos de La Paz, hay muy buenas playas de surf.

San Miguel de Allende es una maravilla, hoy en día con cualquier preocupación sobre la violencia del narcotráfico como un rumor lejano. La ciudad en sí – como se ve en la película de Robert Rodríguez de Érase una vez en México – es la atracción principal. Un sitio de patrimonio mundial de la Unesco desde 2008, la ciudad de 62.000 habitantes está llena de tiendas de artesanías, catedrales del siglo XVII, jardines botánicos, restaurantes orgánicos de agricultores locales y encantadoras (a veces lujosas) casas de huéspedes.

Huatulco no tiene una amplia trayectoria sobre hoteles resort, pero triunfó en su reciente desarrollo turístico. Este antiguo pueblo de pescadores se convirtió en el resort de playa de Oaxaca más elegido, beneficiándose de su plan de desarrollo que mantiene gran parte de las 12 millas de la costa de arena completamente vírgenes y con edificios de la ciudad por debajo de los seis pisos de altura. Las actividades pueden llevar varios días: buceo, kayak, surf, ciclismo y rafting son fáciles de contratar, como las excursiones a las cascadas y fincas de café. Hay vuelos en desde la ciudad de México y la ciudad de Oaxaca.

Playa del Carmen corrige casi todos los errores de la Zona Hotelera de Cancún. La Quinta Avenida peatonal (‘La Quinta’, donde es aconsejable tener cuidado con las pertenencias después de determinada hora), está a una cuadra del agua y rodeada de bares, boliches, puestos para llevar tacos y souvenirs de mal gusto. Se puede seguir caminando hacia el norte hacia las playas remotas donde el agua cristalina es el hogar de algunos de los mejores buceos en el mundo.

Esta zona tiene un gran legado maya, con pirámides increíbles y con los cenotes: pozos y vías de agua que utilizaban los antiguos pobladores de Yucatán. Actualmente, son muy visitados para personas que quieren bucear y turistas que desan bañarse. Además, en Playa del Carmen tiene una gran vida nocturna, excelentes campos de golf y una gastronomía de primer nivel mundial. Visitá las ruinas de Tulum como los vestigios arqueológicos de Cobá o Chichén Itzá, enclaves reconocidos a nivel mundial en los que ver antiguos templos y pirámides de la que fue una de las más importantes civilizaciones precolombinas.

 

Dos escalas para el recuerdo: Zurich y Frankfurt

A veces nos pasa que terminamos eligiendo el pasaje que menos nos convencía porque no teníamos otra opción: o bien era más económico, o la fecha en la que nos podíamos tomar vacaciones sólo había disponibilidad en un horario incómodo, o tuvimos que atrasar o adelantar el vuelo de acuerdo a lo que nos ofrecía la compañía. Pero siempre surgen anécdotas y experiencias que nos sirven para el futuro de estas eventualidades.

En una oportunidad, tuve que olvidarme de tomar un vuelo directo a Roma para hacer unas escalas que en el momento de comprar el pasaje eran de dos horas pero que, cuando leí detenidamente los horarios impresos, terminaron siendo más del doble.  Sin embargo, tengo que admitir que sobre todo lo que tuve fue suerte porque durante la ida la escala fue en el aeropuerto de Zúrich, que rankea tercero entre los diez mejores aeropuertos del mundo, y durante la vuelta fue en el aeropuerto de Frankfurt, que rankea quinto.

Suiza es un país distinto a todo: la eficiencia es el lema primero. La característica principal es la puntualidad en todos los medios de transporte. La eficiencia es la cualidad más exuberante que podemos conocer en el aeropuerto: incluso los baños están diseñados para ahorrar espacio y energía sin perder calidad. El aeropuerto internacional de Zurich es uno de los principales de toda Europa Central. Hay una guía de ayuda a los pasajeros del aeropuerto para ubicarse y moverse porque el aeropuerto es enorme. Tiene aproximadamente 25 millones de pasajeros al año y tres pistas que pueden manejar 260.000 salidas y llegadas cada año.

Otra característica principal de esta estación de aviones es que es uno de los pocos aeropuertos en el mundo que son “One-Terminal-Airport”, que significa que la gente puede pasar la seguridad en cualquier punto del aeropuerto y pueden llegar a cualquier puerta. Además, las conexiones con otro vuelo son fáciles de hacer (es un dato importante) porque los pasajeros no tienen que hacer el trámite de seguridad de nuevo.

Para pasar el tiempo hasta hacer la conexión, pude aprovechar todas las opciones que ofrece el aeropuerto en locales, de los cuales muchos ofrecían productos típicos de Suiza. Desde relojes suizos hasta chocolate, también hay locales de moda que se instalaron en las ventas del lugar. También cuentan con una variedad de opciones en gastronomía alrededor de las terminales: desde restaurantes hasta fast food de hamburguesas y las famosas cadenas de café que ya conquistaron el mundo. A pesar de todas estas opciones que resultan encantadoras para pasear y mirar, hay que tener cuidado con los precios que suelen ser bastante más elevados en Suiza y, sobre todo, en el aeropuerto.

La escala de vuelta fue en el emblemático país de Alemania, en Frankfurt. Transporta un total aproximado de 58 millones de pasajeros por año, con lo cual es uno de los aeropuertos más transitados de Europa. Este es otro ejemplo que cuenta con variedad de sitios para comer y para comprar (y por qué no, pasear). Incluso hay una opción de visita guiada por el aeropuerto que muestra cómo es vivir ahí. Existen una cantidad impresionante de actividades que garantizan que el tiempo de tránsito en Frankfurt no sea aburrido. Desde peluquerías, lavaderos de ropa, una clínica médica, spa, casino y hasta sesiones de simulador de vuelos donde se puede experimentar cómo despegar y aterrizar un avión.

El aeropuerto de Frankfurt cuenta con varias comodidades como cargadores de celulares en muchas cabinas gratuitas desperdigadas a lo largo del edificio. Sin embargo, también cuenta con sus problemas: suelen demorarse las colas de inmigración y al ser un hervidero de gente lo mejor es tener bien en cuenta el tiempo y contemplar no llegar en retraso al horario del vuelo.

Afortunadamente, las dos escalas que me tocaron en ese viaje fueron gratas experiencias en las que conocí, hablé con gente que quedaba en el mismo estado de sorpresa que varios otros pasajeros que no habían tenido la oportunidad de recorrer estos aeropuertos en otros viajes. A veces, las escalas son más que retrasos hacia el destino, son oportunidades de enriquecer un poquito más el viaje.

Centro histórico y algunos mercados de Barcelona

Mi primera visita a Barcelona fue en 2009. Me enamoré de la ciudad -por los artistas callejeros -, la comida (¡ah, la comida!), el estilo de vida relajado, su historia, la gente, y la gran cantidad de cosas que hacer. Tres años más tarde volví de nuevo y hace un par de meses fui con una amiga para mostrarle lo increíble que es esta ciudad.

Y cada vez que vuelvo, Barcelona sorprende y me inspira de nuevo. Barcelona es como París, Nueva York, Buenos Aires o Tokio: siempre hay algo que hacer y te aseguro, necesitarías toda una vida para hacerlo todo.

Pero a medida que los turistas no tenemos una vida entera para conocer una ciudad. Tenemos un par de días, quizás una semana o dos, si tenemos suerte, para visitarla y hacer todo lo que se pueda antes de ir a nuestro próximo destino o, mucho peor, volver a casa. Así que para aquellos que tenemos tiempo limitado, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo podemos maximizar nuestro tiempo en un lugar como Barcelona, donde hay tanto – pero tanto – que ver? Bueno, empecemos por uno de los sitios que más me gustan de Barcelona, como lo es su centro histórico.

El centro histórico de Barcelona se remonta a la época prerromana. La zona es un laberinto de pequeñas calles que giran alrededor de una a la otra y se abren en parques y plazas hermosas. En esta parte de la ciudad se destaca:

Museo de Historia de Barcelona: La ciudad catalana tiene uno de los mejores museos de historia que alguna vez haya visitado -y eso que me encanta-. En el sitio se ha hecho un trabajo increíble para explicar la historia y la importancia de Barcelona, no sólo en España, sino en toda Europa y el mundo. Debajo del museo existen más de 4.000 metros cuadrados de ruinas romanas por las que se puede caminar. Es espectacular. Hay una audio guía detallada gratuita con explicaciones descriptivas de cada cosa que vamos viendo.

 

Museo Picasso: Aunque no soy una gran fan de la mayor parte de los últimos trabajos de Pablo Picasso, con más de 3.000 piezas de arte, este museo tiene mucho para ver, y hasta yo estaba feliz.

La catedral gótica: Ubicada en el corazón del Barrio Gótico, esta catedral gótica fue construida encima de una iglesia del siglo XI. Hoy en día se puede tomar un ascensor hasta el techo para tener vistas panorámicas de la zona histórica y de los alrededores.

En el otro extremo exacto del Barrio Gótico (créanme que se trata de un hermoso paseo por las calles históricas, por lo que vas a disfrutar de ella) está el Parc de la Ciutadella. Me convertí en una gran fan de este parque cuando me topé con él en 2009. Me encanta el arte y la fuente que fue instalada en este lugar, y claro, si fue el mismo Gaudí quién diseñó la famosa Fuente Cascada cuando era un estudiante de arquitectura. En un día cálido, me gusta sentarme y mirar a la fuente. También hay un zoológico en el parque y algunos senderos cortos. Comprá una botella de vino, llevá un poco de jamón, y hacé un picnic ahí mismo, no te arrepentirás.

En el centro histórico de Barcelona te encontrarás con una gran variedad de restaurantes y locales de comida donde te sirven las tradicionales “tapas”: esta zona cuenta con algunos de los mejores ejemplos culinarios en toda España, y no hay mejor manera de pasar el día que aprender acerca de la cultura de la comida en la ciudad. Alrededor del Barrio Gótico encontrarás muchos mercados de alimentos donde conocerás las delicias de la región. Uno de los sitios más divertidos y “deliciosos” que estuve en mucho tiempo.

Ya fuera del centro histórico, te recomiendo en la rambla de Barcelona el mercado de La Boquería y el mercado de Santa Catarina en La Ribera, lleno de vida y colores. Un detalle: La Boqueria es muy concurrido por los turistas, para una experiencia de compra más relajada recomiendo visitar los mercados más pequeños, como el de Santa Catarina, que es maravilloso. Carne, pescado o frutas y verduras, todo en Santa Catarina es excelente, además de estar en un edificio que combina diseño y modernidad con restos de ruinas romanas